La inteligencia artificial (IA) continúa transformando diversas industrias en 2024, desde la generación de contenido multimedia hasta la detección de desinformación en elecciones. No obstante, su adopción masiva presenta importantes desafíos en infraestructura, regulación y ética.
En 2024, la IA está teniendo un impacto sustancial en múltiples sectores, impulsando avances tecnológicos notables y planteando desafíos cruciales. Según el MIT Technology Review, uno de los desarrollos más destacados es el uso de IA generativa en la industria del entretenimiento. Empresas como Runway están lanzando modelos avanzados de video generativo capaces de crear clips de alta calidad, comparables a producciones de estudios como Pixar. Esta tecnología está siendo explorada por gigantes del cine como Paramount y Disney para mejorar la sincronización labial en el doblaje y reinventar los efectos especiales, como se vio en la reciente película de Indiana Jones con un Harrison Ford rejuvenecido mediante deepfake.
El impacto de la IA generativa va más allá del entretenimiento. En el sector empresarial, la adopción de IA está en auge, con una creciente presión sobre la producción de unidades de procesamiento gráfico (GPU) y la búsqueda de soluciones de hardware más accesibles y eficientes. Según el blog de IBM, muchas empresas están recurriendo a técnicas como la Adaptación de Baja Rango (LoRA) y la cuantización para optimizar modelos preentrenados, reduciendo significativamente los recursos necesarios para el ajuste fino y la inferencia.
A pesar de estos avances, la implementación a gran escala de la IA generativa aún enfrenta obstáculos. Un informe del MIT Sloan Management Review revela que, aunque el entusiasmo por esta tecnología es alto, su valor económico tangible aún no se ha materializado completamente. Menos del 10 % de las empresas han implementado aplicaciones de IA generativa a nivel de producción, y la mayoría aún se encuentra en la fase experimental. La integración exitosa de estas capacidades requiere cambios sustanciales en la estrategia de datos y en la infraestructura tecnológica, así como también una adaptación del personal a nuevos procesos.
Otro desafío crítico es la proliferación de desinformación generada por IA, especialmente en contextos electorales. Recientes elecciones en países como Argentina y Eslovaquia han sido testigos del uso de deepfakes para difundir mensajes engañosos, exacerbando la polarización política. La facilidad con la que se pueden crear deepfakes realistas plantea serios problemas para la precisión de la información en línea y la integridad de los procesos democráticos.